Tenemos una chica como todas, y un chico como todos. Se conocen, y bueno, se caen bien.
Al chico la chica, con el tiempo, le cae muy bien, es algo que tiene la chica, le cae tan bien que se convierte en un tonto. La chica, que siempre ha sido una lista, se incomoda con las tonterías del chico pero, no dice nada, prefiere esquivarlas cuando no le apetecen.
A la chica el bolsillo le da problemas, la vida es así, pero, ¡oh desgracia! el consumismo le puede, y comenta, como de pasada, las necesidades que tiene al chico, y no solo a él. El chico, que ahora es un tonto, ya había recibido avisos sobre la lista pero, le daba igual, es tonto, y decide aliviar algo las penas consumistas de la lista con el sueldo de un mes. La lista, dice que eso es demasiado, que no se puede quedar con ello, que se lo devolverá al tonto, que solo serán seis meses.
Entonces el tonto empieza a ver como pasa el tiempo, como la lista deja de verle, y como su nariz alcanza dos palmos de longitud, y su oreja se calienta oyendo: "le atiende el contestador".
Lo peor de todo es que ninguno de los dos a dejado de ser asi, y que de aquello hace año y medio, y todo sigue igual. Al tonto le duelen los dos palmos de narices, la oreja caliente y que la lista se queje de los tontos que aparecen en su vida y de los que son más listos que ella.
¡Vaya dos!
Al chico la chica, con el tiempo, le cae muy bien, es algo que tiene la chica, le cae tan bien que se convierte en un tonto. La chica, que siempre ha sido una lista, se incomoda con las tonterías del chico pero, no dice nada, prefiere esquivarlas cuando no le apetecen.
A la chica el bolsillo le da problemas, la vida es así, pero, ¡oh desgracia! el consumismo le puede, y comenta, como de pasada, las necesidades que tiene al chico, y no solo a él. El chico, que ahora es un tonto, ya había recibido avisos sobre la lista pero, le daba igual, es tonto, y decide aliviar algo las penas consumistas de la lista con el sueldo de un mes. La lista, dice que eso es demasiado, que no se puede quedar con ello, que se lo devolverá al tonto, que solo serán seis meses.
Entonces el tonto empieza a ver como pasa el tiempo, como la lista deja de verle, y como su nariz alcanza dos palmos de longitud, y su oreja se calienta oyendo: "le atiende el contestador".
Lo peor de todo es que ninguno de los dos a dejado de ser asi, y que de aquello hace año y medio, y todo sigue igual. Al tonto le duelen los dos palmos de narices, la oreja caliente y que la lista se queje de los tontos que aparecen en su vida y de los que son más listos que ella.
¡Vaya dos!
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